Son las 6 de la mañana y supongo que no estoy despierto por casualidad. A esta hora, hoy hace tres años que murió mi abuela. Hace unas horas la recordaba en el espectáculo, Las Muchas, de Mariantònia Oliver, que os recomiendo.
Si esta semana ha de tener un nombre debe ser precisamente éste, porque al fin asistiré al taller de Liderazgo en Acción. Y tras él, se esconde una persona, Esperanza Loira, a la que descubrí por casualidad hace casi tanto tiempo como cuando monté mi empresa, Onsom.com.
Si cuando te despiertas por la mañana o te acuestas por la noche solo piensas en actuar...eres actor. Podrás hacerlo mejor o peor, gustar más o menos, pero es lo que eres y serás para siempre.
Decía uno de los mejores profesores de periodismo que recuerdo, que había que ponerse las gafas de mirar y no las de ver. Y efectivamente tenía razón: ¿cuántas cosas nos perdemos de los demás? ¿cuántas oportunidades nos pasan por delante?
Viendo este vídeo le he recordado y me he dado cuenta que este año 2012 estuve “mirando” tanto que viví demasiadas experiencias. También conocí a personas extraordinarias, como jamás hubiera imaginado. Y también me llevé grandes decepciones. Aún me duelen.
Sin embargo, en esa aventura de observar lo ajeno, dejé de mirarme a mí mismo. Y quienes debían mirarme tampoco lo hicieron.
Hace poco alguien me regaló otras gafas, pero no para ver a los demás, sino para verme a mí mismo. Y me di cuenta de algo que hoy me recuerda mi amiga Margalida Castells en su timeline de Facebook: y es que toda persona debe decidir una vez en su vida si se lanza a triunfar, arriesgándolo todo, o si se sienta a ver el paso de los triunfadores (Thomas Alva Edison).
Mi vida es un cúmulo de casualidades de cruces de caminos y, por suerte, de decisiones acertadas. Hace nueve años decidí dejarlo todo y emprender una nueva vida.
¿Por qué es tan fácil escribir y no hablar mirando cara a cara? ¿Cuántas cosas te gustaría contarle a quien amas? ¿Cuántas veces callas? ¿Cuántas veces te reprimes? ¿Cuántas veces escribes en un lugar donde se pierden las palabras? ¿Cuántas veces reflexionas en silencio? ¿Cuánto tiempo pierdes? Es tan fácil y tan difícil al mismo tiempo. Hoy acaba la semana: piensa cuántas cosas te has callado y cuántas oportunidades has perdido. ¿Podrás salvarte como ellos? ¿Podré salvarme?
Pilar Domínguez va a permitirme que haya utilizado su foto y el lugar. En seguida vi, una foto, un beso y tantas cosas... De pronto estaba allí. Y tú también. Después de compartir la foto en Facebook sabía que no podrías resistirte y que te presentarías a nuestra hora mágica. Aunque quise adelantarme me regalaste esa imagen romántica, sentada, mirando al mar y pensando en mí. Esperándome. Hubiera estado horas observándote. Me encantó.
El lunes sentí la necesidad de parar el reloj y, sin planearlo demasiado, estaba con los brazos abiertos mirando al cielo que cubría mi valle favorito. Hacía tiempo que no me sentía tan libre. Y, como siempre, allí estabas tú, a mi lado, aunque caminando un poco más rápido. Yo estaba demasiado entretenido en vaciar mis pensamientos y en el paisaje.
El lunes sentí la necesidad de parar el reloj y, sin planearlo demasiado, estaba con los brazos abiertos mirando al cielo que cubría mi valle favorito. Hacía tiempo que no me sentía tan libre. Y, como siempre, allí estabas tú, a mi lado, aunque caminando un poco más rápido. Yo estaba demasiado entretenido en vaciar mis pensamientos y en el paisaje.
Ya en el bosque nos tumbamos para soñar despiertos mientras nos cogíamos de la mano. Te conté tantas cosas puse patas arriba mi vida. Y tú la tuya, cuando tuviste la valentía de sacar ese reloj que paraste un día y lo lanzaste hacia la nada, como quien empieza una nueva vida. Siempre recordaré este gesto y este día. Nos abrazamos como nunca y hasta lloré. Pero no se si te diste cuenta, porque estaba oscuro. Mientras nos hablábamos podía escuchar ese corazón que guarda tantas y tantas cosas que hay por descubrir y por dejar atrás.
Al volver a casa busqué mi reloj. Aunque te parezca increíble, yo también paré varios relojes. Pero no he tenido la valentía de deshacerme de ellos. Necesitaré tu ayuda.
Un día me desperté y, por primera vez en mucho tiempo, podía recordar lo que había soñado. Al día siguiente tuve el mismo sueño. Y así pasaban los días y seguía soñando lo mismo. Y cada día amanecía con mil dudas y decisiones que tomar. No podía quitármelo de la cabeza. Tanto que al final lo dejé todo y me lancé a la aventura, sin pensarlo mucho.
Desde entonces me acostumbré a perseguir nuevos sueños y a cumplirlos. A viajar ligero de equipaje y recorrer nuevos caminos, cada vez más diferentes, inciertos, intensos y hasta difíciles. Tras cada sueño cumplido iba apareciendo otro. Llegué a soñar tanto que me daba vergüenza contar todo lo que quería hacer y, cuando lo hacía, mi entorno temblaba.
Ayer volví a soñar y, de nuevo, me lanzo a la aventura.
No me canso de ver algunos de estos anuncios de la Obra Social La Caixa, pues me recuerdan a aquéllos que en los últimos meses han tenido la valentía de desnudarse sin quitarse la ropa. Hasta yo mismo he sucumbido.
Gracias por arriesgarte y compartir aquello que no podías contar. Por mirarme a los ojos. Por contarme tus sueños. Por sacar a la luz tus fantasmas. Por exponerte. Por decir lo que sientes. Por cada abrazo. Por cogerme las manos con fuerza. Por tus silencios que revelan tantas y tantas cosas... Por llorar, por reír...
Me abres tu corazón, me enseñas el alma. Y yo te escucho. Y te miro a los ojos. Y entre pausa y pausa sigo escuchándote. Después ya nada es igual. Hay un antes y un después. No importan las palabras.
Hay días como hoy en los que uno descubre que debe aprenderlo todo de nuevo. Que no sabes nada. Te das cuenta de que está todo por hacer. Que hay tanto por hacer. Que hay un montón de posibilidades. Que todo tiene otra perspectiva. Ves las cosas de otra forma y piensas ¿por qué no me di cuenta antes? Y entonces te das cuenta que nadie hasta ahora había puesto en crisis tus conocimientos, tus prejuicios y tu forma de actuar. Ni tú mismo.
Mi cabeza anda tan revuelta que no puedo dejar de pensar en todas las cosas que debo cambiar. Ni el abrazo de Aitor, que es como mi hermano, consigue neutralizar mis pensamientos. Vuelvo a casa con mi crisis de ideas y me siento afortunado. Hoy aprendí.
Cuando has tenido la suerte de vivir en una casa del siglo XVI y empaparte de las historias de quienes han pasado por allí y vives rodeado de los muebles, enseres, recetarios, tejidos y manuscritos que durante siglos ellos han utilizado, uno cree haber vivido sus vidas. Esta sensación la vivo únicamente en Son Baco, una possessió de Porreres, propiedad de mi familia desde 1624 y en Can Monroig, la casa de mis antepasados de Inca, magníficamente restaurada por los actuales propietarios, Robert Lopez y Noëlle Ginard.
Antes de la televisión e Internet el cielo era el único espectáculo nocturno. Para mi lo sigue siendo. Por eso, hoy es un jueves cualquiera y, a mi lado, está de nuevo, Mark Witz, un tipo extraordinario que conocí por casualidad y que se abraza a su chelo y deja escapar melodías que se adueñan de uno de los bosques más mágicos de Mallorca.
A menudo suceden cosas que uno no puede explicar con palabras. No sabes ni cómo ni por qué. Allí estás tú. Y yo a tu lado, sintiendo tus manos, escuchando los latidos de tu corazón, cada respiración. Cierro los ojos y allí estás tú. Apoyando tu cabeza en la mía. Sin mirarte sé cuando abres y cierras los ojos, cuando me miras...
Uno de mis miedos es una carpeta que contiene las cartas que escribió mi madre en el hospital, once años atrás, cuando no podía hablar. Su única forma de comunicarse era escribiendo sobre papeles de todo tipo. En esa época yo estaba en Bélgica y ella pasaba muchas horas en la UCI.
Besarse bajo la lluvia es algo increíble. Hacía semanas que no nos besábamos y, cuando recibí su llamada, sabía que íbamos a hacer algo más que dar una vuelta en bici. Ayer había amenaza de lluvia.
Hacía tiempo que no sentía la necesidad de desconectar. Por primera vez en cuatro años hasta sentí necesidad de desconectar del teatro. Ayer no pude más.
Hace unos años descubrí que en la oscuridad era el único lugar donde despertábamos otros sentidos. Pero, hasta hoy, no he descubierto la escucha. Una sensación intensa e indescriptible que trastoca el corazón y la mente.
Los empresarios seguimos sin calendario de pagos y llegaremos a fin de año y seguiremos haciendo de Banco al gobierno del Partido Popular de Baleares y de José Ramón Bauzá.